DESARROLLO INTERCULTURAL CON INTELIGENCIA EMOCIONAL
Prof. David Monsalve Díaz
INTRODUCCIÓN
Es importante mencionar lo que está sucediendo en nuestro país, en especial en nuestra región San Martín, un fenómeno observado en los últimos veinte años del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, la lucha que realizan las personas y comunidades por sobrevivir culturalmente ante el avasallamiento impresionante de poderes que promueven por medio de sofisticados sistemas y medios de comunicación, una uniformización de las culturas propiciando el individualismo y la renuncia a su comunidad cultural. Al respecto, de nuevo el mensaje papal del año 2001 dice: “si tan preocupante es la radicalización de las identidades culturales que se vuelven impermeables a cualquier influjo externo beneficioso, no es menos arriesgada la servil aceptación de las culturas, o de algunos de sus importantes aspectos, como modelos culturales del mundo occidental, que se inspiran en una concepción sacralizada y prácticamente atea de la vida y en formas de individualismo radical. Se trata de un fenómeno de vastas proporciones, sostenido por poderosas campañas de los medios de comunicación social, que tienden a proponer estilos de vida, proyectos sociales y económicos y, en definitiva, una visión general de la realidad que erosiona internamente organizaciones culturales distintas y civilizaciones nobilísimas”.
El proceso sinergisante de interculturalidad que se está dando en nuestra región, en nuestro país y en el mundo entero es incontenible y necesario. Esto implica necesariamente desarrollar la identidad terrenal, pero con una cultura de paz y solidaridad para la sana convivencia social humana planetaria.
Sin embargo, en nuestra realidad peruana, específicamente sanmartinense, la formación intercultural de nuestros pueblos indígenas está pasando por serios problemas, debido a muchos factores, entre ellos, las migraciones, la intolerancia, la violencia, el avasallamiento, y una serie de conflictos entre indígenas y los llamados “mestizos”.
Por otro lado, la educación en nuestro país y en nuestra región, se ha centrado desde mucho tiempo en el desarrollo casi exclusivamente en el aspecto cognitivo, olvidando la otra dimensión emocional, importante en el ser humano para su desarrollo integral. Es más, los diversos programas del ministerio de educación dirigidos al desarrollo de nuestros pueblos indígenas no contemplan planes de desarrollo emocional. Esto pone en evidencia que no se estimula el desarrollo de la inteligencia emocional en nuestros estudiantes nativos y mestizos, situación que viene retrasando el desarrollo armónico de nuestros pueblos.
Es nuestro deseo que nuestros estudiantes desarrollen capacidades emocionales, no sólo de la institución educativa Serafín Filomeno donde laboro, la cual cobija a estudiantes con diversos orígenes y culturas, sino también, los de las instituciones bilingües del Alto mayo y de toda nuestra región, tales como: Awuajún, Shamboyacu, Alto Mayo, Huasta, La Primavera, entre otras.
QUÉ SOMOS
Cuando en educación hablamos de interculturalidad, es necesario partir del conocimiento y concepción de lo que somos, puesto que nosotros somos es el centro de este proceso. En tal sentido, debemos empezar por preguntarnos: ¿qué somos? Esta pregunta tiene diferentes respuestas, dependiendo del tipo de concepción que tengamos sobre ello.
Al preguntarnos ¿quién soy?, naturalmente lo primero que decimos es: soy persona (del latín personam, ‘máscara’).
En la antigua Grecia y Roma los actores dramáticos utilizaban una máscara con una especie de bocina que aumentaba la voz con la finalidad de ser escuchados por los espectadores. En aquella época se denominaba ‘persona’ al hombre o mujer que portaba esta máscara y al papel que representaba. Desde entonces, antropólogos, psicólogos y sociólogos han asociado el concepto de persona al rol o papel que cumple el ser humano en la sociedad. El psiquiatra Carl G. Jung remite al significado etimológico y define a la persona como “máscara de la personalidad”, lo que todo individuo aparenta. Para el antropólogo social Radcliffe-Brown, es el “componente de la estructura social ocupante de posiciones en la sociedad”.
Algunos autores diferencian los conceptos de persona e individuo. En la década de 1970 la noción de persona surgió como entidad unida al proceso social en evolución, es decir ‘como proceso en sí’, concepción que se oponía a la de individuo como ‘entidad separada’ pero que participa de la estructura social. Hoy ser una persona implica también reconocer su derecho a los derechos humanos.
Desde el punto de vista de la antropología, la persona es el conjunto de componentes (atributos o cualidades) que constituyen un ser humano en su totalidad.
Desde el punto de vista jurídico, la persona es el ser humano, en cuanto se considera la dignidad jurídica que como tal merece. Hay un deber general de respeto a la persona que cuando se infringe, origina acciones declarativas (tendentes a exigir la identificación frente al desconocimiento), negativas (orientadas a reprimir o impedir confusiones con otras personas, falsas atribuciones y simulaciones) e indemnizatorias, es decir aquellas que persiguen el resarcimiento de daños ocasionados a la misma.
Desde el punto de vista de la creación, la persona es el centro y señor de la creación, ser único e irrepetible, creado a imagen y semejanza de Dios, con libertad, voluntad, con capacidad de conocer y amar, de relacionarse con su Creador y con los demás; única criatura a quien Dios ha amado por sí misma.
La persona posee una dimensión corporal, psicológica, espiritual y trascendente; tiene necesidades primarias y secundarias; y una historia personal, cultural y social.
CULTURA
Para comprender mejor los elementos del marco teórico sobre multiculturalidad, interculturalidad, multilingüismo y cohesión social, es importante recordar los fundamentos y pilares de la convivencia humana contenidos en las Declaración Universal de los Derechos Humanos y en otros instrumentos jurídicos y políticos internacionales originados de la misma.
La Declaración Universal proclama que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros… sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra condición”. A la educación le da una misión esencial e ineludible como un instrumento indispensable para el desarrollo continuo de la persona y las sociedades para alcanzar los ideales de paz, libertad y justicia social, y diálogo entre las culturas. Por esa razón “la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz” (art. 26).
El espíritu de la Declaración, por haber sido el resultado de un profundo ejercicio de consultas, consensos y compromisos para un nuevo orden de relación y existencia de las culturas, permitió el advenimiento de pluralismo cultural, el cual se apoyó en dos grandes principios que son: a) la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades, y b) el respeto a las diferencias etnoculturales.
Esta filosofía de la diversidad cobró importancia después de la segunda guerra mundial y con mayor fuerza en los años sesenta del siglo XX, cuando las culturas diferentes comprendidas dentro de territorios nacionales se hicieron presentes ante la opinión internacional y lograron que se valorara el conjunto de sus rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que los caracterizaban, con el propósito de ser reconocidos y respetados, pero también para contribuir al desarrollo de sus países y de la humanidad.
Fue un momento de la historia de los pueblos y civilizaciones del mundo en el que los pueblos indígenas lograron participar, analizar su historia y condición social, económica y política, cada quien en su país para promover reformas legales, políticas y sociales que les permitieran ser reconocidos como tales y apoyados para su desarrollo con el mismo derecho de ciudadanía y dar mayor vigencia al principio de unidad en la diversidad, y erradicar la política de unidad en la desigualdad.
Se entiende por cultura al conjunto de conocimientos, valores y normas comunes en una sociedad, que permite a las personas integrantes de la misma relacionarse, comprender e interpretar el medio en el que viven. Además, puede decirse que la cultura es una construcción permanente, es memoria y dimensión inherente a la persona humana en su sociedad; es particular y dinámica, comunitaria y universal, originaria y trascendente, espiritual y material. Es también la visión y el orden del mundo y la vida, concebida a través de la sucesión de experiencias y descubrimientos, comunicación con la madre tierra, las proyecciones y asociaciones que orientan el comportamiento de la persona en su familia y su sociedad. Además es un conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, modos de vida, costumbres, conocimientos, creencias y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
SOCIEDAD
Es considerada por muchos como la reunión mayor o menor de personas, familias, pueblos o naciones. De otro modo se concibe como la agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida.
MULTICULTURALIDAD
Nos referimos al concepto de Multiculturalidad cuando hablamos de una sociedad en la que conviven culturas diferentes de forma respetuosa, tolerante, en un plano de igualdad y respetando las diferencias existentes. Algunos autores, hacen referencia a la Multiculturalidad desde el punto de vista de que ésta se encuentra más relacionada con el reconocimiento del conjunto de culturas que conviven en una sociedad.
INTERCULTURALIDAD
Desde el punto de vista pedagógico puede decirse que interculturalidad es el objetivo de la Formación Intercultural. Esta se alimenta de la relación de las diferentes culturas que conviven en una sociedad, es decir, a través del contacto, intercambio, etc., nacen unas nuevas forma de hacer, de comprender la realidad, de interpretar la misma, en definitiva, una nueva cultura, que es consecuencia de la integración recíproca. Con anterioridad se mencionaba que la cultura era, entre otros aspectos, fruto de la interacción de las personas por lo que es obvio que si logramos que las diferentes culturas se relacionen entre ellas, se comprendan, se generen empatías, estaremos muy cerca de la interculturalidad.
La educación intercultural no es sólo para personas inmigrantes, ni es educación compensatoria, ni tampoco es una educación que sólo ha de llevarse a cabo en colegios en los cuales existen diferentes culturas. Desde el punto de vista educativo los planteamientos en una Educación Intercultural debe fundamentarse bajo el tratamiento igualatorio de las culturas, facilitando la integración, intercambio y cooperación en igualdad y poniendo de relieve similitudes y diferencias entre culturas. De la misma forma se ha de entender el concepto de cultura como concepto dinámico que nos enriquece a todos, haciendo hincapié en la comprensión y la alteridad como fundamento del modelo de interacción.
Características de la interculturalidad
Una nación multicultural, que cuenta con un marco jurídico de unidad nacional, podrá construir y fortalecer sus espacios de convivencia intercultural a partir del formal reconocimiento, respeto, promoción y aceptación voluntaria de las culturas y los pueblos que la conforman como tal. Se fortalece con la vivencia de los valores de civismo y equidad, libertad y responsabilidad, respeto y solidaridad. Para que se dé una relación de armonía entre las culturas, de intercambio positivo y convivencia social entre actores culturalmente diferenciados debe existir: confianza, reconocimiento mutuo, comunicación efectiva, diálogo y debate, aprendizaje mutuo, intercambio positivo, resolución pacífica del conflicto, cooperación y la convivencia social que se apoya en el respeto mutuo y la aceptación de unas normas comunes. Esta convivencia viene de la aceptación de las otras opiniones y estilos de vida hacia el que piensa o actúa de manera diferente; se buscan arreglos por medios no violentos de las tensiones y disputas. En definitiva es la convivencia dinámica y enriquecedora que va mucho más allá de la mera coexistencia de no agredirse y soportarse.
La interculturalidad es un camino para la construcción de la paz y la convivencia armónica, mutuamente enriquecedora entre los pueblos y comunidades: fortalece la unidad nacional por medio de la conducta fraternal entre sí de todos los habitantes. Los valores de todas las culturas que conforman la nación multicultural consolidan el bien común, la justicia y la equidad.
COHESIÓN SOCIAL
La cohesión social es parte de la solidaridad social, y comprende la inclusión y el respeto mutuo entre las comunidades culturales y grupos sociales que conforman la nación. Se entiende la cohesión social como el grado de consenso de los miembros de un grupo social sobre la percepción de pertenencia a un proyecto o situación común.
DESARROLLO INTERCULTURAL EN LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA
La llegada de inmigrantes a nuestros centros educativos ha abierto un amplio debate en el que la comunidad educativa no puede permanecer al margen. Hoy, más que nunca, necesitamos de una educación que nos enseñe a aprender a convivir con personas de diferentes países, que nos permita desarrollar nuestra empatía con sujetos de distintas creencias y costumbres, que nos enseñe a ser críticos y a construir sociedades en las que quepan ciudadanos de todas las culturas. No obstante, somos conscientes de que la convivencia entre personas de diferentes países conlleva un largo proceso que supone no solamente estar juntos sino un tipo de acción interactiva y productiva. Exige el contacto e intercambio de opiniones entre los sujetos de una misma sociedad, sean o no inmigrantes. Ello supone un enriquecimiento para el profesorado y alumnado, tanto nativos como de otras realidades y ofrece un cauce para el ejercicio de la tolerancia propiciando relaciones que auguren una buena convivencia.
La escuela, como institución social que es, debe cumplir la importante tarea de integrar en su seno diferentes costumbres, creencias y valores, para lograr, mediante la instrucción, una mejor convivencia entre todos sus componentes. La institución educativa, como lugar de encuentro de personas distintas y con intereses no siempre convergentes, debe convertirse en lugar idóneo para que los alumnos aprendan las actitudes básicas de un convivir libremente como son: la democracia, la solidaridad y la participación. Según el Informe Delors (1996) aprender a vivir juntos es habilitar al individuo para convivir en contextos de igualdad, tomando conciencia de las semejanzas y diferencias que existen entre los humanos. Considerando lo anterior, entendemos la mediación intercultural, desde la perspectiva educativa, como medio de integración social que favorece la interacción cultural en condiciones de igualdad y la convivencia entre ciudadanos de origen diferente.
Desde el ámbito de la educación, tanto docentes como pedagogos, psicólogos y profesionales de la educación en general, han puesto el acento en estudiar el cómo escolarizar a los niños y niñas procedentes de otros países, culturas, costumbres y religiones, por múltiples criterios y motivaciones. Pero poco se ha elaborado con relación a los aspectos emocionales y su relación con el aprendizaje social. Sin embargo, la educación de las emociones es, sin duda, un exponente excelente para el desarrollo de las relaciones personales y, por ende, de la convivencia entre distintos grupos. A través de la educación de las emociones, los estudiantes pueden conseguir mejorar sus relaciones sociales tanto en el ámbito escolar como en el familiar y ambiental, ya que la competencia emocional influye en todos los ámbitos de la vida y en todas las personas, ya sean o no de distintos países y culturas. Por ello, la educación emocional debería ocupar una parte importante del currículo escolar regulado a través de la normativa que se establezca en cada institución educativa. Aprender a vivir de manera democrática y solidaria es el encargo más importante que las sociedades modernas encomiendan a los sistemas educativos, de ahí la importancia de la colaboración de todos los implicados en la tarea educativa (Romero, 2008).
Tradicionalmente la escuela se ha centrando en aspectos cognitivos, al aprendizaje mental, dejando con gran déficit y en olvido las capacidades socioemocionales. Si el objetivo de la institución educativa es preparar para la vida, deberá contribuir al desarrollo de toda la personalidad de los alumnos.
Considerando lo anterior, y de acuerdo con Collel (2003), creemos necesario que se lleve a cabo una profunda reflexión sobre la importancia de los sentimientos y las emociones, así como la conveniencia de realizar un replanteamiento del tema en el ámbito educativo, de manera precisa y comprometida con la acción, teniendo presente que el desarrollo de las emociones de los niños y la comprensión de las mismas, es un proceso continuo y gradual de aprendizaje que va de las emociones simples a las más complejas (Dueñas, 2002).
El Informe Delors (1996) considera que la educación emocional es un complemento indispensable en el desarrollo cognitivo y una herramienta fundamental de prevención, ya que muchos problemas tienen su origen en el ámbito emocional.
De la normativa vigente se desprende un reto que debe ser afrontado por los centros educativos, concretamente por los profesionales de la educación (tutores, profesores, orientadores, etc.), que con o sin formación suficiente y sin herramientas apropiadas, en el tema que nos ocupa, han de afrontar la educación emocional de los alumnos. Son estos profesionales los que han de actuar desde perspectivas más amplias que lo puramente académico; han de abarcar otras dimensiones como es el caso de lo afectivo-emocional, componente fundamental en el equilibrio de la persona.
La institución educativa ha de ser la primera en afrontar el reto que conlleva a la comprensión de la autorrealización de cada niño, adolescente o joven, que abarca desde la protección de sus sentimientos, emociones, autoestima, hasta la ampliación de sus oportunidades de elegir, requiere un reconocimiento de su singularidad, de su identidad colectiva y de su personalidad individual, de su particularidad cultural como elemento constitutivo y su derecho a integrarse en la sociedad global con independencia de su origen, cultura y/o creencias, que es algo a lo que no se debe renunciar (Fernández, 2008).
En tal sentido, es válido para toda institución educativa de cualquier sociedad, la incorporación de programas de educación emocional en su Proyecto Educativo Institucional, ya que fortalecerá el desarrollo de competencias emocionales.
PROGRAMA DE EDUCACIÓN EMOCIONAL
Es un proceso a corto plazo aplicado de manera sistemática y organizada, mediante el cual las personas mejoran la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, de poder automotivarse para mejorar positivamente las emociones internas y las relaciones con los demás (Goleman 1999, p.65).
Uno de los objetivos primordiales de este estudio es estar orientado a identificar, de manera precisa, las necesidades emocionales que manifiesten los alumnos y alumnas oriundas o naturales de la zona con estudiantes inmigrantes de una misma edad en un mismo contexto educativo. Más concretamente, qué dimensión o dimensiones (emociones, autoestima, habilidades sociales y habilidades para la vida) son en las que los sujetos manifiestan carencias y que supuestamente puedan influir en conductas apropiadas, dentro y fuera del aula. Además, se trata de ver si existen diferencias significativas desde una perspectiva de género. Cabe señalar que es necesarios una evaluación diagnóstica que ayude, mediante una recogida de información más amplia y precisa, a orientar la intervención, así como a diseñar y desarrollar aquellos programas educativos más convenientes, que permitan a los sujetos conseguir una estabilidad emocional apropiada a la edad, una mejor integración en el grupo clase y en la sociedad en general, es decir, a aprender cómo se debe de convivir en una sociedad pluralista y compleja.
CONCLUSIONES
Interculturalidad significa: intercambio entre personas aptas y capaces de decidir qué es lo positivo de su cultura para mantenerlo y qué es lo que no sirve, por anacrónico y obsoleto, para erradicarlo.
La educación intercultural ha de fundamentarse bajo el tratamiento igualatorio de las culturas, facilitando la integración, intercambio y cooperación en igualdad y poniendo de relieve similitudes y diferencias entre culturas.
Es importante diseñar y elaborar un programa de educación emocional que atienda a estas necesidades educacionales en forma integral.
Es necesario que nuestras instituciones educativas incorporen en su proyecto educativo el desarrollo de programas de educación emocional para fortalecer el desarrollo de competencias emocionales.
El programa de educación emocional es un proceso a corto plazo aplicado de manera sistemática y organizada, mediante el cual las personas mejoran la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, de poder automotivarse para mejorar positivamente las emociones internas y las relaciones con los demás.
BIBLIOGRAFÍA
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2. DELORS, J (1998). Informe Delors. La educación encierra un tesoro. Madrid: UNESCO-Santillana.
3. DELORS, Jacques y otros, (1996) .La educación encierra un Tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI. Ediciones UNESCO, Santillana, París, Francia.
4. DUEÑAS, M.L. (2002). Importancia de la inteligencia emocional: un nuevo reto para la orientación educativa. EDUCACIÓN XX.
5. FERNÁNDEZ, M. Y TERRÉN, E. (2008). Presentación. De inmigrantes a minorías: temas y problemas de la multiculturalidad. Revista de Educación, 345, 15-21.
6. GOLEMAN, D. (1998). La inteligencia Emocional. Editorial Verlap. S.A. Buenos Aires.
7. GOLEMAN, D (1999). La práctica de la Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós
8. PÉREZ DE CUÉLLAR, J. UNESCO. (2009). Nuestra diversidad creativa. Informe de la Comisión Mundial deCultura y Desarrollo., México, 1997. Extraído el 18 de agosto. 2011. De: http://www.fundacioncultural.org/revista/nota1_12.html
9. ROMERO, J.B. y PÉREZ, H.M. (2008). Interculturalidad y escuelas democráticas en la sociedad actual. En I Jornadas Interculturales. VI Jornadas sobre Diagnóstico y Orientación. Jaén.
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