sábado, 22 de octubre de 2011

NO PUEDE HABER FORMACIÓN INTEGRAL DE LA PERSONA SIN EDUCACIÓN EMOCIONAL

NO PUEDE HABER FORMACIÓN INTEGRAL DE LA PERSONA SIN EDUCACIÓN EMOCIONAL

Prof. David Monsalve Díaz

Muchas de las investigaciones realizadas sobre el éxito o fracaso de las parejas, familias, empresas, instituciones, líderes, tienen que ver con el deficiente manejo de competencias emocionales y no tanto de las cognitivas o intelectuales. Los estudios han demostrado que poseer un alto nivel de coeficiente intelectual no garantiza el éxito, ni el desarrollo positivo y bienestar de las personas. Personajes muy renombrados que tienen un alto rendimiento académico y son brillantes intelectuales con varios grados y títulos son pésimos constructores de su vida y en su relación con los demás; no sienten satisfacción en su trabajo y no son felices con su forma de ser y actuar, en algunos casos terminan en la cárcel como consecuencia de su conducta inapropiada.

Los aportes y la difusión realizada por Goleman (1995) en el tema de la Inteligencia Emocional, hizo tomar conciencia de que éxito en la escuela y éxito en la vida no siempre van de la mano. En realidad, en términos de evaluación del sistema educativo, hasta ahora prácticamente la única medida del éxito de la escuela ha sido el rendimiento académico del alumnado (Estudios internacionales de evaluación: TIMSS, PISA, etcétera), sin tener en cuenta la contribución educativa de la escuela a niños y jóvenes. Sin embargo, por mucho que tras los malos resultados de los sucesivos informes internacionales desterrar el fracaso escolar sea la gran prioridad del sistema educativo, el éxito de la enseñanza secundaria no debería basarse exclusivamente en la consecución de objetivos académicos.

Muchos estudiantes preadolescentes en la actualidad viven en familias desestructuradas, pertenecen a culturas diversas y avanzan muy rápidamente en el mundo audiovisual. Sin embargo, esas vidas casi posmodernas se ven atrapadas durante la jornada escolar en instituciones con horarios burocráticos, conocimientos compartimentados y con una deficiente atención hacia los jóvenes.

Las necesidades personales, afectivas, sociales y de desarrollo de los preadolescentes son cruciales para su bienestar actual, para aumentar sus posibilidades de éxito académico, para su futura satisfacción personal y para garantizar la construcción de su propia responsabilidad. Sin embargo, en numerosas ocasiones, se muestra una actitud explícitamente hostil a estas necesidades, rechazando todo lo que no se encuadre en los márgenes disciplinarios, lo que no sea estrictamente académico y lo que no se centre exclusivamente en la tarea inmediata del aprendizaje (Hargreaves, Earl y Ryan 1998).

El trabajo de carácter emocional rara vez es reconocido como primordial para indicar la profesionalidad del docente. Sin embargo, no es sólo un requisito importante para el aprendizaje, sino una forma esencial para el mismo.

Según Bisquerra (2000, p. 243), La educación emocional es: “Un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos, cognitivo y emocional, los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral”

Para Shapiro (1997), la educación emocional debe servir para desarrollar en el alumno un conjunto de cualidades que tienen que ver con el éxito en la vida. Algunas de estas cualidades son: la empatía, la expresión y comprensión de los sentimientos, el control del genio, la daptación, la resolución de problemas interpersonales, el respecto, entre otros. De este modo, la educación emocional tendría por objetivo el desarrollar en el alumno la inteligencia social, en la que la inteligencia emocional sería un subconjunto de ésta y que vendría ser un saber controlar los sentimientos y emociones, tanto propios como de los otros, así como la capacidad para influir en ellos y utilizar esta información para orientar el pensamiento y las propias acciones.

Por otro lado, Oliveira (1998), expresa que la educación emocional es un proceso encaminado a restaurar el equilibrio sentimental del adolescente, así como a fortalecer mediante la creación de ambientes de confianza el desarrollo de un identidad acorde a las necesidades del proceso evolutivo del adolescente.

Ante este panorama educativo, en varios países del mundo, principalmente en los países desarrollados de Occidente (Norteamérica y Europa) han surgido iniciativas de incorporar elementos de Inteligencia Emocional en la educación primaria y secundaria. Se destacan los casos de Estados Unidos, Australia, Inglaterra y España.

Estados Unidos fue pionero en llevar a las aulas programas para mejorar las habilidades sociales y emocionales de los niños y jóvenes. Los estudios realizados en este país presentan que aquellos alumnos en más IE sufren menos ansiedad, tienen una mejor autoestima y menos preocupación excesiva ante los problemas y lo mismo sucede en estudios similares realizados en Australia (Ciarrochi, Deane y Anderson 2002).

En otro estudio llevado a cabo en Estados Unidos (Lopes, Salovey y Straus 2003), aquellos alumnos con una mayor puntuación en los tests de inteligencia emocional (IE) presentaban una mayor calidad en las relaciones de amistad y sus amigos los caracterizaban como personas que proporcionaban apoyo emocional e interacciones positivas.

Otros países de Europa, concretamente en España, Reino Unido, Suecia, Holanda y Alemania, también están consiguiendo similares logros.

Las conclusiones de un informe internacional promovido por la Fundación Marcelino Botín y basado en experiencias educativas reales que se han desarrollado en seis países, manifiesta  que la educación emocional en la escuela mejora la convivencia y los resultados académicos de los alumnos.

En Latinoamérica, están comenzando a desarrollarse algunas iniciativas particulares (México, Chile y Brasil). En Argentina el tema está en todavía en sus inicios.

Por ejemplo en Chile, se le dio impulso desde el punto legislativo se introdujo en 1990 la Ley Orgánica Constitucional de Educación (LOCE), esta reforma, como tal se concretó en el año de 1996.
           
En nuestro País, durante mucho tiempo las emociones no han sido consideradas como importantes, se ha dado mayor relevancia a la parte racional del ser humano. La educación emocional no es considerada  como elemento fundamental en la formación de la persona, no se le ha dado la debida importancia  para incorporarlo como un área en el Diseño Curricular Nacional. Es preocupante que en el ámbito educativo la dimensión emocional ha sido la gran olvidada, el interés se ha centrado exclusivamente en el desarrollo cognitivo.
           
Según el DCN (2008. p 412), en el nivel secundario, en el Área Persona Familia y relaciones Humanas la Competencia Construcción de la Autonomía del sexto ciclo, afirma que el estudiante: “Se reconoce y valora como persona con necesidades, sentimientos e intereses propios, desarrolla su autoestima y afirma su identidad sexual, asumiendo positivamente sus cambios físicos, intelectuales y emocionales, así como el rol de su familia y comunidad”. Mientras que en el séptimo ciclo dice que: “Se compromete en la construcción de un proyecto de vida, aprendiendo de sus propias experiencias a tomar decisiones y a asumir las consecuencias de sus actos a partir de la reflexión sobre los principales problemas que se dan en la sociedad.

Por otro lado, esta misma área, en la competencia Relaciones Interpersonales de el sexto ciclo concibe que el estudiante: “Establece relaciones interpersonales mediante el desarrollo de habilidades sociales que le permitan aceptar a los otros, respetando sus diferencias culturales y valorando el trabajo colaborativo, de manera solidaria y comprometida, en los diferentes entornos en los que se desenvuelve. Se plantea metas claras sobre su futuro a partir del reconocimiento de sus habilidades, intereses, aptitudes y se propone un estilo de vida saludable”. Esta competencia en el sétimo ciclo menciona que el estudiante: “Establece relaciones de intercambio y afecto y aprende a resolver conflictos interpersonales armonizando los propios derechos con los derechos de los demás, en busca del bien común. Afirma un proyecto de vida tomando en cuenta su elección vocacional y sus aspiraciones personales, en coherencia con un estilo de vida saludable”.

En el nivel secundario, de las 29 competencias que se pretenden desarrollar, sólo dos hacen referencia el desarrollo de capacidades emocionales pero de manera insuficiente, porque tan sólo buscan que el estudiante asuma sus cambios emocionales (Construcción de la Autonomía) y establezca relaciones interpersonales mediante el desarrollo de habilidades sociales. Cabe preguntarse ¿cómo el estudiante podrá asumir sus cambios emocionales si ni siquiera sabe reconocer sus emociones? Es importante dar el primer paso para posteriormente poder manejarlas.

El DCN expresa que las horas de libre disponibilidad deberán ser priorizadas en   las áreas de Comunicación, Matemática y Educación para el Trabajo, según las necesidades de los estudiantes (2008. p 52). Sin embargo, para el área de Persona Familia y relaciones Humanas, que en mínimo tiempo trabaja la educación emocional, no es tomada en cuenta y sólo se le otorga dos horas pedagógicas semanales para su desarrollo. El tiempo asignado resulta insuficiente si se quiere desarrollar talleres  que permitan desarrollar las capacidades emocionales. Además, hay que tomar en cuenta que los docentes y tutores son los primeros llamados en conocer y manejar estas capacidades.

Por otro lado, nuestro DCN (2008. p 51) expresa que la hora de tutoría no es una clase, es un momento para tratar los asuntos relevantes de la tutoría y dar la oportunidad a los estudiantes para interactuar y conversar sobre sí mismos y el grupo. Lo que también resulta insuficiente para atender a los estudiantes en sus necesidades educativas, que mayormente tienen que ver con el factor emocional.

Por lo comentado anteriormente, queda demostrado que en el ámbito educativo la dimensión emocional ha sido la gran olvidada, el interés se ha centrado exclusivamente en el desarrollo cognitivo. La educación no puede agotarse en la mera transmisión de contenidos culturales desvinculados de la persona en cuanto ser que no sólo piensa, sino que siente y se comunica. Dándonos cuenta de la importancia de lo emocional en la construcción personal, profesional y social, no debiera existir un solo centro educativo en el que no apareciera entre sus finalidades de centro y objetivos de aula la explícita alusión a la educación emocional. Ya no se trata de planteamientos opcionales, sino de un valor transversal a los contenidos formativos, debiendo estar presente desde las ciencias sociales a las ciencias de la naturaleza y la matemática. Esto es posible por cuanto si la educación de la mente es formada a través de las disciplinas y contenidos curriculares, la educación emocional cuenta además con la metodología docente. Esto es, educamos las habilidades emocionales mediante actitudes, climas y modos de interactuar.

Muchos de los maestros somos conscientes que en nuestra institución educativa los estudiantes tienen deficiencias en el reconocimiento y manejo de sus propias emociones, en el desarrollo de la propia motivación, en el reconocimiento de las emociones en los demás, es decir en el desarrollo de la empatía, en el manejo de las relaciones interpersonales, en la capacidad para transformar las emociones, deficiencia en reparar el daño que ocasionan a alguien.

En este contexto, urge la necesidad de educar las emociones de los estudiantes; para lograrlo, es necesario elaborar y aplicar proyectos de innovación y programas de Educación Socioemocional que contribuyan al desarrollo personal y social de nuestros educandos, si fuera  posible de toda la comunidad educativa, ya que esto favorecerá el logro de nuestro mayor objetivo: la formación integral de la persona.

CONCLUSIONES

Poseer un alto nivel de coeficiente intelectual no garantiza el éxito, ni el desarrollo positivo y bienestar de las personas. Los aportes y la difusión realizada por Daniel Goleman en el tema de la Inteligencia Emocional, hizo tomar conciencia de que éxito en la escuela y éxito en la vida no siempre van de la mano.

Es preocupante que en el ámbito educativo de nuestro país la dimensión emocional ha sido la gran olvidada, el interés se ha centrado exclusivamente en el desarrollo cognitivo. En el nivel secundario, de las 29 competencias que se pretenden desarrollar, sólo dos hacen referencia el desarrollo de capacidades emocionales pero de manera insuficiente.

La educación no puede agotarse en la mera transmisión de contenidos culturales desvinculados de la persona en cuanto ser que no sólo piensa, sino que siente y se comunica.
Muchos de nuestros estudiantes muestran deficiencias en el desarrollo de capacidades emocionales.
 Es urgente la necesidad de educar las emociones de los estudiantes para lograr su formación integral.

BIBLIOGRAFÍA

1.      BISQUERRA, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Edit. Praxis Barcelona.
2.      CIARROCHI, J., DEANE, F. Y ANDERSON, S. (2002) “Emotional intelligence moderates the relationship between stress and mental health”. Personality and Individual Differences.
3.      HARGREAVES, A., EARL, L. Y RYAN, J. (1998). Una educación para el cambio. Reinventar la educación de los adolescentes. Barcelona: Octaedro.
4.      LOPES, P., SALOVEY, P. Y STRAUS, R. (2003). “Emotional intelligence, personality and the perceived quality of social relationships”. Personality and Individual Differences.
5.      MINISTERIO DE EDUCACIÓN. (2008). Diseño Curricular Nacional de Educación Básica Regular. Ministerio de Educación. Perú.
6.      OLIVEIRA, M. (1998). La educación sentimental: Una propuesta para adolescentes. Edit. Icaria. Barcelona.
7.      SHAPIRO, L. (1997). La inteligencia emocional de los niños. Una guía para padres y maestros. Edit. Javier Vergara  S.A. Buenos Aires.

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